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Falso aumento salarial: Maduro maquilla cifras con bonos y dólar oficial
En un intento por mantener el control narrativo sobre la devastada economía venezolana, el régimen de Nicolás Maduro anunció el 30 de abril un supuesto ajuste salarial que ha sido ampliamente criticado por economistas, trabajadores y analistas. El mandatario aseguró que el llamado «Ingreso Mínimo Integral Indexado» de los trabajadores se incrementaría a 160 dólares mensuales, pero diversos sectores denuncian que se trata de una farsa contable.
El dirigente sindical Carlos Alfonso Ortega Carvajal, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), lo señaló sin rodeos: «Ese supuesto incremento es pura ilusión. Lo calculan en base a la tasa oficial del BCV, que ni siquiera refleja el mercado real. Son los mismos 130 dólares de siempre, solo que maquillados con cifras del Banco Central».
Ortega detalla que el llamado «Bono de Guerra Económica», que sube de 90 a 120 dólares, junto a los 40 dólares de cestatickets, no representa un cambio efectivo en el poder adquisitivo. «El monto total sigue siendo equivalente al paralelo. No hay un centavo más para los trabajadores», afirmó a Infobae.
La narrativa de la mentira indexada
El anuncio tuvo lugar durante la conmemoración de los 14 años de la Gran Misión Vivienda Venezuela, y fue utilizado por Maduro para repetir sus viejas consignas sobre el «bloqueo imperial» y los supuestos logros de su modelo económico. Mientras tanto, sindicatos y trabajadores han convocado protestas para el 1 de mayo en Caracas, denunciando que sus derechos laborales han sido eliminados.
La estrategia comunicacional del régimen se ha centrado en usar términos como «ajuste», «indexado» y «Salario Integral» para generar la percepción de mejoras que no existen en la práctica. Como explica Ortega: «Desde 2022 no se ajusta el salario mínimo real, solo han sustituido ese concepto por bonos que no tienen base legal ni permanencia garantizada».
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Salario pulverizado, beneficios eliminados
Ana Rosa, una trabajadora venezolana, lamenta que ya no exista el pago quincenal ni el bono vacacional. «Nos quitaron utilidades, prestaciones, días feriados, el bono nocturno, todo. Nos han dejado con las manos vacías», comenta.
Un coronel retirado afirma a Infobae que «la mentira es la verdadera política de Estado» y denuncia que los militares fueron empujados a extorsionar para sobrevivir. «Nos ordenaron desde el Alto Mando usar cualquier método para complementar los ingresos que el mismo régimen destruyó».
Otro oficial resalta que un general de brigada con 30 años de servicio gana apenas 12 dólares mensuales de pensión, y que los bonos no forman parte del sistema de jubilación. «El desmantelamiento de la institución castrense también pasa por la humillación económica».
Solo 5 dólares de diferencia
El periodista Luis Carlos Díaz Vásquez desmonta la narrativa del régimen: «No hubo aumento real. Las pensiones siguen en 130 bolívares (1,3 dólares), lo que ajustaron fue el bono, de 45 a 50 dólares. Cinco dólares más, y celebran como si fuera una victoria».
Díaz también señala la hipocresía de usar el dólar como referencia: «¿No era esa la moneda del imperio decadente? Ahora hacen anuncios en dólares pero pagan en bolívares inflados por emisión monetaria».
El resultado es más inflación y un empobrecimiento acelerado de la población, mientras el régimen se escuda en una supuesta «recuperación» productiva que no se percibe en el bolsillo de los ciudadanos.
Una burla constitucional
El régimen, además, ha ignorado el artículo 91 de la Constitución, que exige que el salario mínimo sea suficiente para cubrir las necesidades básicas del trabajador y su familia. «Con estos bonos convertidos en sueldo, ese derecho ha sido anulado de facto», aseguran constitucionalistas.
El uso propagandístico del «Ingreso Indexado» sirve para simular estabilidad y mejoras, pero lo cierto es que el salario mínimo venezolano sigue siendo uno de los más bajos del mundo, sin posibilidad de garantizar ni siquiera la alimentación mínima.
La otra cara del modelo
Mientras Maduro intenta vender una narrativa de progreso, las calles muestran otra realidad: paro laboral, migración masiva y pobreza crónica. Los sectores productivos siguen asfixiados por impuestos arbitrarios y escasez de insumos, mientras el régimen celebra supuestas «victorias económicas» sin sustento.
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El escenario actual, lejos de ser optimista, refleja una gestión que ha institucionalizado la mentira como forma de gobierno. Con un salario mínimo inexistente, pensiones simbólicas y derechos laborales vulnerados, los trabajadores venezolanos son las víctimas directas de un sistema que se niega a ofrecer soluciones reales.
Con información de: Infobae


