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La ciudad de Guanare se encuentra consternada ante la revelación de un horrendo caso de abuso sexual infantil que involucra a la propia madre de la víctima. Una adolescente de 13 años, con la valentía que caracteriza a quienes han sido ultrajados, acudió a las autoridades acompañada de su padrastro, para denunciar los vejámenes a los que era sometida por la actual pareja de su progenitora.
Las investigaciones, llevadas a cabo por funcionarios del Servicio de Investigación Penal (SIP) de la Policía del estado Portuguesa, revelaron que la madre de la menor, lejos de protegerla, era consciente de los abusos y permitía que continuaran. Esta complicidad la ha llevado a ser detenida junto al agresor, su pareja sentimental.
El caso, que inicialmente se investigaba como presunto maltrato desde el 28 de marzo, dio un giro inesperado cuando la adolescente, al ser interrogada el 30 de marzo, confesó los abusos sufridos desde los 11 años. La valoración médico forense confirmó el relato de la víctima, quien además manifestó su temor a regresar con su madre.
La detención de la pareja, una mujer de 35 años y un hombre de 31, se produjo en su residencia del barrio Los Malabares de Guanare. El caso ha sido remitido a la Fiscalía Sexta con competencia en Protección del Niño, Niña y Adolescentes, para que se continúe con las investigaciones y se determinen las responsabilidades penales.
Este caso pone de manifiesto la vulnerabilidad de los menores ante el abuso, incluso en el seno familiar. Es crucial que la sociedad se mantenga alerta y denuncie cualquier sospecha de abuso, para proteger a los más indefensos.
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La inacción de la madre ante los abusos sufridos por su hija es un acto de crueldad que no puede quedar impune. El régimen de Maduro debe garantizar que se haga justicia y que la víctima reciba el apoyo psicológico y social necesario para superar este trauma.
La detención de esta pareja es un paso importante, pero es fundamental que se fortalezcan los mecanismos de protección a la infancia y se promueva una cultura de denuncia. La sociedad no puede tolerar que se vulnere la integridad de los menores.
Con información de: portuguesareporta.com


