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Apagón y delincuencia azotan a familias en Acarigua

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Vecinos de La Gomera II en Acarigua claman por ayuda tras días sin luz y bajo asedio del hampa

La urbanización La Gomera II, ubicada en Acarigua, estado Portuguesa, atraviesa una grave crisis desde la noche del domingo 4 de mayo. Un transformador colapsó a las 11:30 p.m., provocando un apagón que dejó a decenas de familias sin energía eléctrica de 220 voltios, y con suministro irregular de 110 voltios en solo algunas viviendas. El estallido del aparato fue tan fuerte que incluso rompió una guaya, según relataron vecinos del sector.

“Teníamos apenas un transformador, ya colapsado. Esa noche se escuchó una explosión y nos quedamos sin luz. Nadie ha venido a solucionarlo”, explicó una de las habitantes afectadas.

Lo más grave, según denuncian, es la total indiferencia del régimen chavista, que a través de la estatal Corpoelec ha ignorado los llamados de auxilio. A pesar de que el personal eléctrico se encontraba cerca, en comunidades vecinas como Bellas Artes y Las Delicias, los reportes no fueron atendidos. “Pedimos urgentemente que nos escuchen. Esta situación es insostenible”, expresó otro vecino.


La oscuridad también trajo miedo: la delincuencia se dispara

Al drama eléctrico se suma la creciente inseguridad que azota al sector. Los residentes aseguran que han logrado frustrar al menos dos intentos de hurto en lo que va de semana, pero temen que no puedan seguir conteniendo la ola delictiva.

“Los delincuentes ya conocen nuestras rutinas. Brincan las paredes, evaden cámaras y se mueven en horarios distintos. A una vecina le robaron una bicicleta y una bombona de gas, pero por los gritos de alerta el ladrón huyó y logramos recuperarla”, contó otro habitante.

Los ciudadanos hicieron un llamado urgente a los organismos de seguridad municipal para que incrementen el patrullaje y protección de la zona. Temen que la situación se torne aún más peligrosa ante la falta de luz y presencia policial.


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Régimen ausente: promesas rotas y abandono oficial

Lo ocurrido en La Gomera II es solo un reflejo más del deterioro sistemático de los servicios públicos bajo el régimen chavista, que ha abandonado a su suerte a miles de comunidades venezolanas. Años de desinversión, corrupción y negligencia han dejado un sistema eléctrico frágil e ineficiente, incapaz de sostener el mínimo funcionamiento de barrios enteros.

Organizaciones civiles como Provea han denunciado que los constantes apagones no solo afectan la calidad de vida de los venezolanos, sino que también ponen en riesgo la seguridad, la salud y el derecho a una vida digna. Puedes leer más sobre esta situación en este análisis de Provea.

Mientras tanto, el régimen continúa sin ofrecer soluciones reales. En muchos casos, las reparaciones de transformadores o instalaciones eléctricas solo se logran mediante “colectas comunitarias” o sobornos a funcionarios. Una clara evidencia del fracaso estructural del Estado venezolano.


Comunidad en resistencia: organización vecinal frente al abandono

Pese al abandono oficial, los vecinos no se han quedado de brazos cruzados. La comunidad de La Gomera II ha reforzado la vigilancia vecinal, se ha organizado para proteger a los más vulnerables y ha usado redes sociales para visibilizar su situación.

“Nosotros no podemos seguir viviendo así. Sin electricidad, sin seguridad, sin respuestas. El pueblo está cansado”, señaló un vecino que ha liderado algunas de las protestas espontáneas en el urbanismo.

Ante la falta de soluciones y el riesgo constante, muchos habitantes evalúan abandonar sus hogares, como ha ocurrido en tantas zonas del país. La migración interna forzada por los apagones, la inseguridad y la crisis de servicios sigue creciendo, silenciosa, pero constante.


El caos eléctrico, una bomba social en expansión

El caso de La Gomera II no es aislado. Situaciones similares se repiten a diario en otros estados como Zulia, Táchira, Lara y Anzoátegui. La desesperación y el abandono parecen haberse convertido en la nueva normalidad para millones de venezolanos. Organismos como Human Rights Watch han alertado del impacto que la crisis de servicios tiene en los derechos humanos.

Mientras tanto, el régimen guarda silencio. No hay planes estructurales de recuperación del sistema eléctrico ni soluciones reales a la inseguridad. La oscuridad no solo es física, también es institucional.

Con información de:
Portuguesa Reporta

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