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Tragedia en Colombia: joven venezolano muere electrocutado en su primer día de trabajo

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 32 segundos

Lo que comenzó como un día común de trabajo terminó en tragedia. Un joven venezolano de 23 años, identificado como Anthuan Alexander Cruz Pestana, murió electrocutado el pasado jueves 19 de junio mientras desempeñaba su primer trabajo formal en Cartagena, Colombia.

El suceso ocurrió en un lavadero de motos y carros en el sector El Progreso, al sur de la ciudad, cuando Anthuan intentaba encender una máquina de lavado a presión para atender al primer cliente del día. El joven recibió una descarga eléctrica fulminante que lo dejó inconsciente frente a sus compañeros.

La historia de Anthuan, como la de muchos otros migrantes, era la de alguien que huye del colapso del régimen venezolano buscando un futuro mejor. Apenas tres meses y medio llevaba en Colombia, adonde llegó con el anhelo de reunirse con su madre y construir un nuevo comienzo lejos de la miseria, el desempleo y la represión en su país natal.


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Un accidente laboral que expone graves fallas

El trágico accidente ocurrió a las 9:00 a. m., cuando Anthuan se encontraba iniciando su jornada junto a otros dos trabajadores en el lavadero ubicado sobre la avenida Pedro Romero, cerca de la conocida Iglesia del Cuartelillo.

Al manipular el equipo de lavado, el joven recibió una fuerte descarga eléctrica que lo dejó tendido. Sus compañeros intentaron auxiliarlo de inmediato y lo trasladaron a un centro de salud cercano, pero ya no presentaba signos vitales.

El padrastro de Anthuan, Ariel De Arco, declaró a medios locales que su familia aún está en shock. “Mi muchacho salió con toda la ilusión del mundo de progresar aquí, y mire cómo termina. Esto no puede seguir ocurriendo”, expresó visiblemente afectado.


Falta de seguridad y control en trabajos informales

Tras el accidente, la Policía Nacional llegó al lugar de los hechos, retuvo la motocicleta del cliente involucrado y dio inicio a una investigación formal. Sin embargo, las preguntas sobre las condiciones del equipo eléctrico, el estado de las conexiones y el cumplimiento de normas de seguridad siguen sin respuesta clara.

El caso de Anthuan pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre las condiciones precarias de trabajo que enfrentan muchos migrantes venezolanos en Colombia, especialmente en empleos informales y mal remunerados.

“Hago un llamado a todos los dueños de lavaderos, talleres y pequeños comercios: cuiden a sus trabajadores. Revísenlo todo, que no se repita esta tragedia con otro joven que solo quería trabajar”, fue el pedido del padrastro del fallecido.


Un patrón que se repite

Organizaciones defensoras de migrantes han denunciado que muchos empleadores en Colombia aprovechan la vulnerabilidad de los venezolanos para ofrecer empleos sin garantías mínimas: sin contrato, sin seguridad social, sin capacitaciones, sin protocolos de emergencia.

Un informe reciente de Human Rights Watch alerta que este tipo de situaciones se han intensificado en regiones costeras, donde los controles laborales son laxos o inexistentes.


Lavaderos: alto riesgo sin regulación

Los lavaderos de motos y carros, como en el que trabajaba Anthuan, son negocios comunes en barrios populares de ciudades como Cartagena. Aunque prestan un servicio útil, muchos funcionan sin certificaciones, sin protocolos eléctricos adecuados ni vigilancia estatal.

Especialistas en seguridad ocupacional han advertido que las máquinas de agua a presión, conectadas a redes eléctricas improvisadas, representan un alto riesgo de electrocución, especialmente en ambientes húmedos.

Además, los migrantes, en su mayoría jóvenes, aceptan estos trabajos por pura necesidad, sin conocer los riesgos o tener el poder de exigir condiciones adecuadas.


El contexto migratorio: desesperación y vulnerabilidad

Anthuan había llegado a Colombia escapando del régimen chavista que ha sumido a Venezuela en la pobreza. Buscaba reunirse con su madre, establecerse y trabajar honradamente. Su caso es solo uno entre miles que reflejan la crisis humanitaria y laboral que afecta a la diáspora venezolana.

Colombia, aunque ha ofrecido permisos temporales y un marco de regularización, no ha logrado integrar de forma segura a muchos de estos jóvenes al mercado laboral, lo que los deja expuestos a situaciones como la que acabó con la vida de Anthuan.


Un llamado urgente a las autoridades

La muerte de Anthuan debe ser una alerta para el Estado colombiano. Las autoridades laborales y de salud deben intensificar las inspecciones a negocios informales, exigir capacitación en primeros auxilios, revisar las condiciones eléctricas de este tipo de locales y proteger a los trabajadores sin importar su nacionalidad.

También es momento de que la sociedad en general reconozca la humanidad y el sacrificio de estos migrantes que lo arriesgan todo por sobrevivir lejos de una dictadura.

Con información de:

2001online.com

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